Como nunca antes


Simplemente quería hablarte. Decirte lo mismo de siempre, aunque tú me escuches como si fueran cosas nuevas. Contarte todo lo que espero hacer mañana, y las mil cosas que no hice a tiempo a hacer hoy, ni ayer ni probablemente en dos días. Pero no importa, tú permaneces inmutado y desde tu lugar haces que me sienta comprendida e incluso custodiada, por sutiles palabras y tus suaves consejos.
Simplemente quería hablarte. Oírte, oírme narrándotelo todo, para combatir con el cruel silencio que hiere mis oídos por las noches, para luchar con la terrible soledad que inunda mis días.
Simplemente quería hablarte, pero ya que no estás aquí tendré que llenar el vacío con las cosas que sé que me dirías. Y entonces el silencio se llena de música, las tinieblas de lunas y el frío de la noche se convierte en tibieza de amanecer.
Simplemente quería hablarte, para aplacar esa sensación de extrañeza que dejan en mi alma todos los demás. Ellos no saben cómo siento, ellos no conocen mi interior… y de conocerlo no lo entenderían. Por eso quería hablarte. Quería hablar contigo, aunque la mitad de las veces solo sea un monólogo en el que creo verte asentir con la cabeza mientras muero y resucito en palabras.
Simplemente quería hablarte, pero hoy no tenías palabras ni oídos para mí. Trajiste tus brazos, los extendiste en mí y con sólo mirarme llenaste mi alma como nunca antes.

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