Un solo camino


 
Leer, escribir… subrayar, tachar y volver a escribir. Con la mente fija en un objetivo, o dos… quizás tres. Llegar al final de la hoja, volver a la cama relativamente temprano, al menos lo suficiente como para cruzar unas palabras con él, sintetizar el día, darse un beso, un abrazo y dormirse esperando juntos el nuevo día.

Nada había cambiado desde aquel momento en que sus miradas se habían cruzado por primera vez, eso pensaba ella antes de dormirse. “Seguimos disfrutando las mismas cosas sencillas: un domingo en el parque, una carta bajo la almohada esperando ser encontrada.”

A pocos centímetros, él se perdía pensando: “¡cómo han cambiado las cosas desde que la conocí!”. Recordó entonces los nuevos sueños, las nuevas metas que juntos iban forjando. Todos los infortunios, llantos y amarguras en las que sólo su amor les permitió seguir adelante. Todas las alegrías, los momentos de goce en que una lágrima no podía evitar rodar mejilla abajo, al creer impropia tanta dicha en una sola alma, ¿o dos?… una sola. ¡Sí!, una sola alma, un solo camino. Quizás desde que se conocieron, tal vez desde que nacieron, o antes aún porque, ¿dónde se hubieran encontrado si la bisabuela de ella jamás hubiera emigrado?, ¿quién hubiera sido él si su abuela, en vez de casarse con aquel pobre carpintero de buen corazón, hubiera aceptado al abogado que le coqueteaba luego del trabajo, camino al conventillo de La Boca?, ¿cuándo se hubieran conocido, si ella hubiera nacido diez años antes?

Lo que ninguno de los dos tenía en cuenta era todo aquello que se hacía posible desde su unión. Como ellos mismos iban armando el rompecabezas del mañana, que será el ayer en el futuro de otros.

Mientras ella dormía pensando en un posible desenlace para la novela que tenía que entregar en menos de un mes, no sabía que un día su nieta soñaría con escribir y sería una autora reconocida, con la fama que su abuela siempre había soñado pero nunca había conseguido y, de cierto modo, compartía ahora con ella.

¿Cómo iba a saber él, que nunca había sido seguidor de los deportes, que desde que su hijo mayor decidiera estudiar periodismo deportivo no iba a perderse un solo partido?

Para ellos tener un hijo y una nieta era solo un sueño desde que perdieron ese embarazo un año atrás, ¿quién hubiera dicho que en ese momento ya eran más de dos durmiendo en aquella cama?