De Guerra y de Amor – Capítulo XXV


XXV

Todos estábamos completamente embobados con la pequeña Rocío. No sólo tenía unos hermosos ojos verdes (“ojos de gato”, como solía llamárseles en el pueblo) y pequeños ricitos rubios, sino que también era risueña y hacía monerías todo el tiempo. Parecía un pequeño angelito.
Si bien era una niña preciosa yo pensaba que el día que tuviera una hija desearía tuviera la tez blanca y el pelo rubio como yo y ojos oscuros. ¡Eso sí sería verdaderamente hermoso!, pero… ¿dónde iba a conseguir yo un marido con ojos oscuros?
Los saquitos que yo había hecho le quedaban como un guante y prometí hacer más ahora que tenía a la modelo para sacar los moldes, y sabía el sexo para elegir colores más bonitos y bordarle florcitas.
Mi abuela estaba igual de encantada con su pequeña nieta, pero también estaba preocupada por mi madre, que parecía tener un poco de temperatura.
Entre infusiones, canciones de cuna y llantos de bebé comenzaron a pasar rápidamente los días, como sucede siempre que algo bueno pasa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s