De Guerra y de Amor – Capítulo VII


VII

Al regresar a casa, la abuela había preparado una maravillosa cena compuesta por mucho pescado fresco, tomates y otros vegetales traídos del campo.
Mamá parecía mucho más tranquila y yo supuse que sería porque, al igual que yo, había recordado que papá y el abuelo no debían tardar en regresar.
Cuando me fui a la cama pude oír a mi madre decir:
– En la última carta dijo que probablemente regresaría en mayo, ¿es verdaderamente emocionante, o no madre?
– Claro que sí, cariño. Pero recuerda no ponerte demasiado ansiosa, no sería la primera vez que nos llegara una carta explicando que se han retrasado y vendrán uno o dos meses después…
– Ya lo sé, madre.
– Si no me preocupo por ti, es Pilar la que me preocupa, no quiero que se ilusione antes de tiempo.
Luego de oír aquello me ofusqué y cerré fuerte los ojos y los oídos para no escuchar ni una palabra más. Detestaba sentir que me trataran como a una niñita cuando, claramente, ya no lo era. ¿Estaba sobreviviendo una guerra, verdad? “¡En la guerra no hay lugar para niños!”, oí decir a mi padre poco antes de marcharse.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s