MENÚ DEL DÍA: Tortilla de pasto


            Era domingo y, como todos los domingos, papá y los nenes aprovechaban para dormir un ratito más, mientras mami se levantaba tempranito para preparar galletitas para el desayuno y un suculento almuerzo para más tarde porque venían los abuelos y los tíos.

            Papito, Juan y Laura despertaron con el olorcito de las chispitas de chocolate recién salidas del horno y no tardaron en ponerse rápidamente las pantuflas y sentarse a la mesa. Mamá, muy contenta con su obra de arte, puso en medio un gran plato lleno de galletitas tibias, mientras papá servía el té a los pequeños. Se encontraban disfrutando de la charla y el chocolate cuando a papá se le ocurrió preguntar: -¿Y qué vamos a almorzar cuando vengan papá, mamá y mis hermanos?

            – ¡Voy a hacer tortillas!- dijo mamá, sabiendo que la familia enloquecía completamente con aquel plato. -Ya tengo las papas peladas y cortaditas, un rato antes de que lleguen empiezo a freírlas.

            Todos estaban de buen humor pero, con aquella noticia, se alegraron incluso un poco más.

            Llegaron los abuelitos, con gran cantidad de besos y abrazos para Juan y Laura; los tíos, con muchos chistes para que todos rieran durante el almuerzo; y los primos con muchísimas pero muchísimas ganas de jugar después de comer.

            Mamá y papá sirvieron las tortillas y todos disfrutaron un almuerzo en familia. Charlando, riendo y compartiendo dulces recuerdos.

            Al terminar los chicos fueron a jugar al jardín. Juan y sus primos Lucas y Fernando fueron a jugar a la pelota, mientras Laura quiso convencer a su prima Lucía de preparar una tortilla como había hecho su mamá.

            – ¡Vamos a ensuciar mucho y tu mamá se va a poner triste!, hagamos otra cosa mejor… ¡Hay tantas cosas qué hacer…!

            – Pero podemos hacerla en el jardín. ¡Vamos, va a ser divertido!

            – No, no… Yo prefiero alentar a los chicos mientras juegan. Y no estaría mal que nos acompañaras, Laura

            – Está bien, jugá con los chicos, pero yo me quedo aquí preparando tortillitas.

            Lucía fue a ver cómo jugaban los chicos, mientras Laura comenzó a juntar pastito para hacer una tortilla. Agarró gran cantidad, lo mojó con el agua que goteaba del regador, y lo dejó en un platito, diciendo: “ya tengo las papas peladas y cortaditas”. Como guarnición tomó algunas piedritas que había en los rincones y las puso en otro platito. Tomó un cuchillo y un tenedor de su cocinita de juguete y se preparó a comer el menú del día: tortilla de pasto con albóndigas, pero al sentarse a la mesa descubrió que no tenía bebida. Comenzó a mirar a su alrededor y decidió preparar un té como el que su mamá había hecho para el desayuno. Se estiró y arrancó algunas hojitas de un viejo árbol y las sumergió en agua del regador.

Ahora estaba todo listo, la tortilla hecha de todo tipo de pastitos de diferentes partes del jardín: había pastos finitos y largos, algunos pinchudos y otros gorditos y difíciles de arrancar. Las albóndigas, de piedritas de varios colores divertidos, cuidadosamente seleccionadas de los rincones más lindos del jardín. Y té de álamo, que casi tenía olor a té de verdad.

“Ya no falta nada”, dijo y se dispuso a probar el fruto de tanto trabajo.

            Se sentó en la mesita del jardín, puso el plato con la tortilla de pasto y al lado las albóndigas de piedra. No faltaba ningún cubierto y tampoco el té de hojas de álamo. “Primero hay que cortar la tortilla… “decía justo cuando apareció su mamá que, al verla, corrió hasta ella y la tomó en brazos.

            – ¿Qué estabas haciendo, Lau?

            – Iba a probar mi tortilla.

            – Pero estaba hecha de pasto, cariño

            – ¿Y?, vos hacés tortilla de papitas y todos la comemos

            – Sí, pero el pasto te puede hacer mal a la pancita- dijo mientras le hacía cosquillitas en la panza. – Y esas piedritas, ¿qué son?- agregó mamá.

            – ¡Albóndigas deliciosas!

            – ¡Pero te hubieras roto un dientito!

            – No me di cuenta mami, yo sólo quería cocinar como vos- dijo la nena sollozando

            – Ya lo sé Laura, pero tenés que preguntarme antes de hacer algo por primera vez, así aprendés…

            – ¿Tengo que preguntarte antes de hacer algo nuevo?

            – ¡Claro!, así lo hacemos juntas por un tiempo, hasta que aprendas y puedas hacerlo solita… para eso soy tu mami.

            – ¡Mami!

            – ¿Qué?

            – Necesito que cocines conmigo hasta que aprenda y pueda hacerlo solita.

            – ¿Tenés ganas de hacer alfajorcitos para la merienda?

           

            Y así las dos fueron despacito hasta la cocina para que nadie se diera cuenta. A la hora de la merienda papá y el tío se acercaron a Laura y su mami -que estaban charlando porque ya habían terminado los alfajorcitos- y dijeron: -No tenemos nada para acompañar los matecitos, ¿vamos a comprar algo?

            – Jijiji- río bajito Laura

            – ¿Qué pasa mi amor?- preguntó papá.

            Entonces, Laura y mamá destaparon una gran bandeja de alfajorcitos recién horneados. Papá y el tío prepararon el mate y fueron a buscar a Juan, Lucía, Lucas y los abuelitos y todos juntos disfrutaron una tarde de charlas, risas y juegos mientras probaban el último plato del menú oficial del día.

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