El monito Fulanito


Tomi estaba solo con sus abuelos porque mamá y papá habían salido de viaje el fin de semana. Los abuelitos llegaron a su casa el jueves a la tarde y el viernes a la mañana mamá y papá se despidieron hasta el lunes.
Papá había revisado el auto junto al abuelo y mamá le había mostrado donde estaban las cosas de la casa a la abuela. Papá y el abuelo le pusieron agua, aceite y esas cosas al coche, y mamá y la abuela abrieron el freezer y la alacena, mientras mamá decía que no se hiciera problema por la ropa sucia porque ya había dejado un montón en el lavadero. “El lunes ni bien llegamos la pasamos a buscar, ¡y listo!”. Finalmente los dos se despidieron y Tomi quedó con sus abuelitos. El abuelo Raúl estaba preparado para jugar a mil cosas y la abuela Francisca ya estaba sacando el recetario del bolso para preparar un gran almuerzo.
Los hombres de la casa sobreviviveron a un ataque de indios salvajes, cruzaron cataratas y escalaron montañas con su imaginación, mientras la abuela preparaba una receta secreta en la cocina.
Luego del almuerzo el abuelo tomó una siesta, pero la abuelita Francisca lo relevó en los juegos y así Tomi no se aburrió ni un solo minuto en el día.
A la noche tomó un baño, miró dibujitos en la tele, cenaron y finalmente los abuelitos lo llevaron a la camita. El abuelo le cantó una canción de cuna y la abuela le leyó un cuento hasta que pronto se quedó dormido, cansado por todas las aventuras del día. Pero mientras la abuelita se estaba poniendo el camisón, y el abuelo se lavaba los dientes Tomi sollozó: – ¡Abue, no me puedo dormir!
– ¿Cómo que no te podés dormir, cariñito?, si hace unos pocos minutos tenías los ojitos cerrados y respirabas profundo…
– Sí, me había quedado dormido… – dijo entre llanto- … pero me desperté y me di cuenta de que falta Fulanito y no me puedo volver a dormir sin él.
– ¿Y quién es Fulanito, Tomi?- preguntó el abuelito
– Es mi monito, está viejito, descosido en una orejita, le falta un ojito, pero es mi peluche preferido, ¡y sin él nunca voy a poder volver a dormir!
Los dos ancianitos se miraron y comenzaron a buscar por cada rincón de la casa, tan rápido como sus gastadas articuaciones le permitían.
– No aparece corazón, ¿por qué no abrazás al osito Pepe?
– ¡Porque él no es Fulanito!- dijo Tomi llorando
Muy triste, pasó la noche abrazado a su abuelito hasta que se quedó dormido de tanto llorar. Mientras él dormía los abuelos retomaron la búsqueda, pero todo fue en vano. Buscaron en la cocina, dentro de la heladera, abajo de la mesa… En el living, atrás del sofá, adentro del aparador… En su cuarto, adentro del placard, abajo de la cama… en cucha del perro… pero parecía que el monito Fulanito no iba a aparecer.
Se hizo de día y Tomi parecía no recordar lo sucedido, por lo que ninguno de los abuelitos dijo palabra sobre el asunto.
Otra ve jugaron, corrieron, almorzaron, durmieron la siesta y todas esas cosas que hacen los nenes cuando los abuelitos se quedan con ellos para cuidarlos. Pero se hizo de noche y llegó la hora de irse a dormir…
– Abue, ¿Fulanito no apareció?
– No cariñito- le contestó la abuela mientras Raúl lo abrazaba.
Aquella noche Tomi casi no durmió, creyendo que ya nunca más se dormiría de la manito de su monito ni le contaría sus secretitos…
El domingo pasí lentamente sin Fulanito, pero cuando Tomi, el abuelito Raúl y la abuelita Francisca volvieron a abrir los ojitos ya era lunes por la mañana.
– ¡Vamos a arreglar la casa y ponernos lindos para cuando vuelvan tus papás!- dijo la abuelita.
Tomi desayunó, se vistió y guardó los pocos juguetes que no había guardado la noche anterior.
Estaba cantando una canción con la abuela cuando escuchó el motor del auto de papá. – ¡Llegaron, llegaron!- gritó Tomi.
Mamá y papá saludaron a todos y entonces mamá se acordó que tenía algo especial en el bolso.
– Mami, hace tres noches que no puedo dormir porque perdí a mi monito de peluche. -Y mientras decía esto, papá abrió el bolso y mamá sacó a Fulanito que era tan travieso como su pequeño dueño y, sin que nadie lo notara, había ido a parar a la lavandería junto con la ropa sucia.
Ahora estaba perfumado y de regreso con Tomi para acompañarlo de día en sus aventuras y de noche en sus sueños.

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