¡Quiero ser perrito!


– ¡Mamá!, estoy aburrido ¿qué puedo hacer? – Dibujá – ¡Ya dibujé una vaquita!, decime otra cosa – Pintá con el librito para colorear – ¡Es lo mismo que dibujar pero sin hacer las líneas!, decime otra cosa – ¿Por qué no va a andar en bici al patio? – ¡No tengo ganas de caerme y rasparme los coditos como ayer!, decime otra cosa – ¿Por qué no vas a ver qué está haciendo tu hermano, Fede? – ¡Ya vengo! Y Fede fue corriendo al cuarto de su hermano mayor, a ver qué estaba haciendo, pero muy pronto volvió a la cocina, donde estaba la mamá. – Está haciendo la tarea, mami – Vamos a tener que pensar otra cosa entonces – ¡No!, yo quiero hacer la tarea como mi hermano… ¡Es aburrido ser chiquito!, ¡yo quiero ser grande, mamá! – ¡Ya sé qué podés hacer, Fede!, pensá qué querés ser cuando seas grande… – ¡Tenés razón, mami!- dijo el pequeño, mientras le daba un besito a su mamá y salía corriendo al patio trasero. Allí encontró a sus dos perritos, una perra grande y un perrito chiquitito. Se acercó al chiquitito y empezaron a correr juntos y a jugar por aquí y por allá. – ¡Mamá, mamá! ¡Quiero ser perrito!, ¿me ayudás? – ¿Qué pasa, Fede?- dijo la mamá que estaba ayudando al hermano mayor con la tarea. – ¡Vení, mirá: es muy lindo el perrito Pedrito, yo de grande quiero ser como él! – A ver, mostrame… pero igual vos ya sos un nene, Fede, no podés ser perrito también. Aunque la mamá ya sabía que Fede no podría ser perrito, lo acompañó al patio igual para ver cómo jugaba con Pedrito. – ¿Ves mami qué lindo que es? – Sí Fede pero vos no podés ser perrito… -estaba explicándole su mamá cuando se dio cuenta de que algo le sucedía a la perrita más grande. – Fede, ¿la perra ya estaba así cuando saliste hace un rato? – Sí, mami… me parece que le duele la pancita – No sé Fede qué le duele, pero no se siente bien… levémoslo al veterinario – No mami, mejor dejame que me fije si puedo ayudarlo y si no mejora lo llevamos… ¿Puedo? – Está bien Fede, pero no le des nada raro a ver si le hace peor – ¡No quiero que se sienta peor!- dijo Fede, triste Entonces mamá volvió a entrar y Fede le dio un poquito de agua y muchos mimitos a la perra. Hasta que un rato más tarde creyó haberse dado cuenta de lo que pasaba… – ¡Mamiiiii! ¡Hay que llevar a la perra urgente al doctor de perritos! – ¿Por qué?, ¿le pasó algo?- dijo la mamá – No, pero creo que está embarazada y va a tener perritos La mamá creyó que no podía ser eso porque no se le notaba la barriguita, pero de todas formas subió a la perrita a la camioneta y la llevó al veterinario. – ¡Me parece que tiene la panza llena de perritos!- dijo Fede al veterinario cuando le preguntó por qué la habían llevado. El veterinario dijo que era posible pero que tendría que tener más fanza y se la llevó al consultorio para revisarla. Fede y su mamá estaa esperando afuera, nerviosos y agarrados de las manitos, con miedo de recibir malas noticias. Pero de repente salió el médico con una gran sonrisa diciéndoles que Fede tenía razón y la perrita estaba embarazada pero era tan reciente que los cachorritos eran aún demasiado pequeños como para hincharle la pancita. – Tienen que seguir trayéndola para que la revise, pero se encuentra muy bien… es normal que esté decaída al princio. ¡Buen trabajo pequeño!- dijo dándole la mano a Fede. Volvieron a csa con la perrita y cuando papá volvió del trabajo Fede le contó las aventuras del día. – …¡Y ahora ya sé qué quiero ser cuando sea grande! – ¿Qué Fede? – ¡Doctor de perritos!

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