No podía ser amor


Era una tarde como cualquier otra… Sí, no había nada de particular en el atardecer que veía a través del parabrisas de su auto. No había nada de particular en los rostros de la gente que esperaba en la esquina, intentando cruzar la calle.
Había aún pájaros surcando el cielo, a penas nublado, y los últimos rayos del sol se reflejaban en cada uno de los tejados de las casas que pasaban a sus costados.
Llegó a la puerta del hospital, detuvo el motor de su coche y esperó. Encendió el stéreo, pensó en cruzar la calle para comprar un paquete de cigarrillos, pero entonces recordó lo que había prometido a su mujer la noche anterior: dejaría definitivamente de fumar. Subió el volumen de la música y comenzó a desafinar fuerte, para sí distraerse. La canción preferida de su mujer acababa de comenzar, Yesterday de los Beatles. -¿Cuánto faltará para que salga? ¡Ya es la hora!- Se repetía en silencio. Cerró los ojos y siguió cantando y escuchando. Escuchó la puerta del auto abrirse y una suave voz acompañarlo al decir “Why she had to go?, I don’t know…” (¿Por qué ella tuvo que irse?, no lo sé…)
Le dio un beso, puso en marcha el auto nuevamente y la canción terminó.
-¿Cuántos cigarrillos no fumaste hoy, amor?
-Si en la radio hubieran estado pasando una canción de Britney Spears, ya me hubiera comprado un paquete, cariño.
-Pero no lo hiciste.
-No, ¿y tu día cómo estuvo?
-No sé si tan bien como el tuyo. Algo horrible sucedió.
-¿Estás bien?- dijo alarmado, quitando las manos del volante y tomando con una la de su mujer y, con la otra, una de sus piernas.
-Sí, sí… pero llegó una niña que ha tenido un accidente… ella va a salvarse pero iba con sus padres en el auto y ambos murieron.
-¡Ay, pobrecita! ¿Cómo se manejan en esos casos? ¿Avisaron a sus abuelos?
-Hicieron una especie de investigación y resulta que la niña no tiene familia, cuando se recupere quedará en adopción.

Así llegó la noche, entre anécdotas del día, y oraciones por la recuperación de la desafortunada niña.
Pero pronto la joven doctora encontró una ocupación: se encargó de comenzar los trámites para adoptar a la pequeña, ya que sabía que su marido había comenzado a fumar cuando se enteraron que él era estéril. Aquella noticia no había  cambiado para nada la relación de la pareja, pero él seguía sintiéndose culpable por no poder darle hijos a su mujer y hasta entonces nada, ni siquiera el cigarrillo, había logrado calmarlo.

Ella volvía a su casa con una gran sonrisa en su rostro, había llegado el momento de contarle su plan a su marido. Hasta aquel momento había bastado con que ella sola firmara los papeles, pero ahora era necesario que él formara parte de los trámites. De todas formas, algo no salió como se suponía que debía hacerlo… ella estaba demasiado distraída como para prestarle atención al imbécil que cruzó el semáforo en rojo.
No pasaron diez minutos cuando el celular de su marido comenzó a sonar. Ni siquiera se gastó en avisar a su jefe, no lo pensó dos veces y salió corriendo con las llaves del auto en la mano derecha. Llegó al lugar del accidente tan rápido como pudo, pero ya no había nada que hacer… más que los procedimientos de rutina por haber sido un accidente en la vía pública. Como siempre en Argentina, los trámites le llevaron varias horas. Horas escudriñando en el creciente dolor que sentía… pero ahora eso ya había acabado y era hora de volver a casa.
Para todos era noche como cualquier otra. No era de extrañar que los semáforos parpadearan en rojo y amarillo en las calles internas… ni que se vieran perros en las esquinas, con restos de la cena de alguien en la boca. A esa hora no había pájaros surcando el cielo y, si los hubiera habido, él no los hubiera notado. La luna brillaba entre unas pocas nubes, pero él no la veía. Sólo veía las nubes. Pasó por una estación de servicio y sí, decidió bajarse. Recordó lo que ella le hubiera dicho si hubiera estado allí, pero ese era el problema… Ella no estaba allí. Recordó que ella hubiera dicho que lo estaba observando desde el Cielo, pero ese era el problema… Él no creía en Dios.
Compró los cigarrillos y prendió la radio para terminar el camino a casa. “Why she had to go?, I don’t know…” Era el colmo, apagó la radio y el motor del auto. No podía seguir así. No podía quedarse solo en su casa.
Abrió los ojos nuevamente cuando un policía golpeó el vidrio de su ventanilla. Ya era de día y el hombre pensó que había sufrido un infarto. Explicó la situación al pálido caballero y luego partió. Partió hacia el hospital, no quería estar solo… y allí encontró algunos amigos.
Luego de darle los condolencias debidas trataron de distraerlo. Le mostraron las nuevas instalaciones, lo llevaron de un lado a otro… hasta que encontró una mirada… Una mirada que hizo arder su corazón, que desde la tarde anterior se había congelado… No podía ser amor, pero algo era, no había duda alguna. Una enfermera se acercó y le dijo “Esa es la niña que su mujer pensaba adoptar, la del accidente” “¿Niña?”, pensó él. No podía creer que esa fuera la chica de la que había escuchado hablar durante aquel tiempo… él se imaginaba una niña pequeña.
-¿Cuántos años tiene?
-Casi quince.
“Diez años menos que yo” fue lo primero que le vino a la mente. Pero en seguida sacudió su cabeza, tenía que quitarse aquella idea… No podía ser amor.
-¿Y ahora que sucederá con ella?- preguntó
-Puedes adoptarla tú… o conseguir rápidamente alguien que siga con los papeles… sino pasará a la lista de espera nuevamente.
Comenzó a pensar rápidamente. No podía adoptarla, pero sentía que tampoco podía alejarse de ella. Entonces tomó la decisión. Llamó a un compañero de trabajo que sabía hacía años quería adoptar. Le contó la situación, pero ocultó sus sentimientos. No podían ser revelados. No podía ser amor.

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