Conversando en familia


En el colegio me enseñaron que las mascotas no hablan, pero ¡están todos equivocados!

Cuando tenía tres años papá me regaló mi primer perrito: era un labrador chiquitito, chiquitito como yo… tomaba lechita y comía alimento que mamá le compraba especialmente en la veterinaria. Cada dos semanas más o menos venía un cochecito y lo llevaba para que le dieran un buen baño (que falta le hacía) y cuando era necesario le cortaban el pelito y las uñitas para que no se lastimara (ni me lastimara a mí o a mi hermanito). Pero Llorón, mi perrito, empezó a crecer muy rápido. La veterinaria decía que era lo normal, pero para mí mamá se equivocó de alimento y compró uno con multi-vitaminas y súper-cositas que lo hizo crecer re-contra-súper-rápido… y en menos de un año ya era un perrazo grandote que corría por toda la casa con la lengua afuera. Pero ese no fue el único efecto del alimento secreto que compró mamá “por error“. Digo “por error” porque se supone que todo fue sin querer, pero yo me acuerdo perfectamente que mis papás me dijeron “tu perrito va a ser especial” antes de que viniera a casa. Yo pensé que me lo decían para que me pusiera contento, como hacen todos los papás, pero después entendí por qué me lo dijeron… La cosa fue que ese alimento extraño hizo que Llorón empezara a ladrar mucho más rápido que los perritos de mis amigos. Empezó mirándome con cara tristona cuando se escuchaban cohetes y de a poquito empezó a hacer ruiditos suavecitos para hacerse entender… hasta que un día… ¡Sí! ¡Empezó a hablar! Por ahora sólo me dice “guuuau” y “guau- guau” pero a veces también dice “guuuuuuauu” así que estoy seguro de que dentro de poquito ya va a decir mi nombre, como hizo mi hermanito: que empezó diciendo “mamá” y “papá” y ahora ya me dice “nene”, cuando quiere jugar conmigo.

Elegante hizo algo muy parecido, me parece que Mati, mi hermanito, le dio un poquito de la comida de Llorón sin darse cuenta. Elegante es el gatito de Mati, pero como él es chiquito lo cuidamos mamá, papá y yo, que ya somos grandes. Su historia es muy distinta de la de Llorón, porque nadie esperaba que él fuera “especial” como mi perrito. Un día, mi hermanito estaba jugando con Elegante y como es chiquitito y no sabe le puso comidita de Llorón en su platito, y entonces… ¡ELEGANTE EMPEZÓ A HACER “MIIIAAUUU”! Yo creo que dice eso porque debe ser de Francia o de por ahí, ¿viste que ellos hablan raro?, bueno Elegante habla parecido a ellos.

Con Choricito pasó algo parecido… Choricito es el hámster de papá, que vive en una cajita que es su casita, y tiene una ruedita para correr y que no se ponga gordito, y tiene aserrín y esas cosas que se le ponen a los hámsteres en sus casitas. Es un bichito muy feliz y está mega-contento de vivir con una familia tan cariñosa… Fue lo primero que me dijo. Esta vez la culpa fue mía, y se lo dije yo mismo a mamá y a papá, porque soy un chico valiente. Sin darme cuenta dejé abierta la puertita de su casa después de jugar un rato y pasó todo un día corriendo por la casa sin que lo pudiéramos encontrar. Mati no paraba de llorar, mamá decía que eso era algo muy sucio porque podía “hacer caquita por cualquier lado” y papá pidió que lo llamáramos al trabajo para avisarle cuando lo hubiéramos encontrado… pero lo interesante de esta situación es en dónde lo encontramos finalmente… ¡EN EL TACHITO DE LA COMIDA DE LLORÓN! y sí, con ese olorcito tan rico seguro probó un poquito y no pudo parar… y ahora hace “mchh, mchhh” o algo así, como si tirara besitos al aire, algo parecido a lo que hacía Mati antes de empezar a hablar para decirle a mamá que quería su mamadera. Parece que a Choricito le está costando un poquito más que a Llorón y a Elegante pero ya saben como es esto, a unos les lleva más, a otros menos pero todos terminan hablando.

El caso que sí fue diferente fue el de Pepita. Ella es la lorita de mamá, pero ella no comió alimento súper- mega- raro, ni suyo ni de Llorón. ¡Ella empezó a imitarnos! Mamá decía “¡Tomá la sopa o no comés postre!”, y Pepita me miraba y decía “la sopaaa, la sopaaa”… como retándome. Mamá decía “Ordená tu cuarto” y ella me repetía “tu cuaaarto, tu cuaaarto”… Y cada vez aprende y repite más palabritas… y un par de palabrotas también, pero seguro no sabe lo que quieren decir, como pasaba con Mati cuando repetía cosas de la tele.

No hace falta conocernos demasiado para ver que mi familia es extra- archi- preciosa, ¿no les parece?

 

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